| Una
dulce quietud indefinida,
un
querer estar cerca y contemplarse,
despedirse
mil veces, no marcharse,
que
aunque se ha dicho todo, algo se
olvida.
Del
amado, tener la mano asida,
por
nada sonreir y sonrojarse,
un
manso decir no, que es no negarse,
sino
una invitación que a un sí convida.
Un
pensar y forjar bellas quimeras,
un
decir los dos...¡cómo tú quieras!
y
a solas recordar y desvelarse.
Son
las horas de amor raudas y bellas,
y
es tan lindo en amor reconciliarse
que
incita a comenzar nuevas querellas.

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