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Apenas
llegué a la
redacción, me
llamaron para
pedirme un
cuentito de
amor...
un
cuentito de
amor?
Me
senté frente a
la máquina de
escribir y me
puse a pensar,
qué amor?...
entre
quienes?...
bueno, lo pensaré,
algo saldrá de
todo ésto, ¿podrá
ser un amor
verdadero? ¿Y
porqué no?...
Cuentan
que una mañana
tibia y soleada,
caminaba
lentamente,
llevando en un
carrito
destartalado
todas sus
pertenencias, un
hombre cuya edad
era un misterio
escondido bajo
gran cantidad de
cabello y
barba.-
Lo
único que se le
veían, rodeado
de arrugas
producidas por
el sol y los
inviernos, eran
dos ojos
celestes y
alegres, que
escudriñaban
todos los
rincones de la
ribera del
Sena...quién
sabe, siempre se
encontraba
algo...
Pensando
en eso iba
Pierre, cuando a
poca distancia
vió una caja de
zapatos apenas
destapada....rápidamente
se dirigió
hasta ella,
"Un par de
zapatos" se
dijo"no
importa que no
sean nuevos, los
que tengo, ya no
se tienen unidos
ni por los
cordones"
sonrió.
Al
llegar al lugar,
sintió un
ruidito
familiar, abrió
la caja, y ahí
enroscadito,
estaba un
perrito peludo,
flaco y
tembloroso, que
le lanzó una
mirada
desconsolada....
"Mi
pequeñito, ¿qué
te han hecho? ¿Y
tu madre? Acaso
te abandonaron
para que yo te
encontrara?".
Lo levantó de
la caja y se lo
puso entre sus
ropas raídas
pero cálidas,
el pobrecito
estaba helado y
muerto de
hambre...lo
primero que hizo
fué lamerle las
manos y desde
ese momento se
formó un lazo
de amor que
nadie podría
desatar....
Fué
hasta el hogar
de pobres, dónde
solían darle un
plato de sopa
caliente, lo dejó
a Leo, ya lo había
bautizado, entre
sus cosas
en el carrito y
entró a buscar
sopa y quizá le
dieran un
poquito de leche
tibia para su
amiguito.
La
moza que atendió
el lugar,
comprendió lo
que le contó
Pierre y le
arrimó una
latita con un
poco de leche
tibia. Demás
está decir que
en un momento,
ya estaba en la
pancita redonda
de Leo...
Así
fueron pasando
los días, meses
y años, Leo y
Pierre, Pierre y
Leo, eran una
pareja ya
conocida por
todos los
habitantes del
bajo mundo del
Sena, y cuando
se juntaban de
noche para
dormir, Leo
siempre estaba
entre Pierre y
sus amigos, era
su mascota y él
ya los conocía
a todos.
Pasaron
las estaciones
varias veces, y
Pierre ya no
estaba tan ágil
como al
principio, Leo
era el que lo
guiaba, atado a
una cuerdita,
porque también
aquellos ojos
celestes habían
perdido el
brillo de la
mirada...
Una
noche , cruzaban
la avenida,
hacia el Sena,
para ir a
encontrarse con
los amigos de
siempre, charlar
un poco, beber
algún pastís y
luego, mas
calientes por
fuera y por
dentro, se
recogerían a
dormir.
Al
cruzar la calle,
un auto a gran
velocidad,
desembocó de
una callejuela y
no se pudo
detener ante
Pierre y Leo,
arrastrándolos
unos buenos
metros....
Cuando
la gente corrió,
encontraron a
Pierre como
dormido y a su
querido perrito
que trataba de
darle calor a su
corazón. En sus
ojos se podía
ver el
desconsuelo de
ese perro al ver
el estado de su
querido compañero....
Vino
la ambulancia,
llevó a Pierre,
muerto, y dejó
a Leo en la
calle.
Por
supuesto los
amigos de Pierre
lo recogieron y
se lo llevaron
con ellos...pero
Leo estaba
desconsolado,
lloró toda la
noche y lo buscó
entre los que
dormían.
Pierre
era un gran
amigo para todos
ellos, muy
querido y
siempre buscando
para acompañarlos
o ayudarlos
cuando se
encontraban en
problemas, está
de más decir
que todos
estaban tan
desconsolados
como Leo.
Alguien era
amigo de alguien
que a su vez era
amigo del
sepulturero del
Pierre Lachaise;
y no se sabe cómo,
pero encontraron
un rinconcito
dentro de este
viejo cementerio
de París, para
enterrar al
querido amigo.
A
la mañana
siguiente, bien
temprano, cuando
llegaron los
amigos acompañando
al féretro de
Pierre, ya al
lado del portal
del P.Lachaise
se encontraba
Leo, temblando
terriblemente de
frío y de pena.
En cuanto entró
el cortejo, él
iba debajo del
cajón de su
amigo llevado
por sus compañeros....
Una
vez terminada la
ceremonia, cada
uno se fué
retirando
lentamente, pero
Leo no estaba...¿quizá
dónde habría
ido?, algunos
pensaban que se
había ido a
buscar nuevo
patrón, pero él
estaba escondico
entre las lápidas.-
Una
vez solo, se
acostó sobre la
tumba de Pierre,
como para darle
el poco calor de
su esmirriado
cuerpito, su
amigo estaba
helado...
Por
la noche nevó
abundantemente,
cuando por la mañana
el cuidador llegó
hasta la tumba
de Pierre, vió
sobre la misma
una montañita
de nieve con la
forma alargada
de un perrito,
se acercó más
y de ella partían
las huellas de
un par de
zapatos rotos en
su suela y
cuatro pocitos
con la forma de
las patitas de
Leo.
El
pobre
sepulturero se
quedó
paralizado, las
huellas iban
alejándose a
medida que
aparecían, como
si Pierre y Leo
hubieran
iniciado juntos
el camino del
nunca volver,
siempre juntos,
siempre unidos
por aquél lazo
de amor que los
había atado
para la
eternidad....
No
es acaso un
cuento de gran
amor?
Belkys |